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domingo, 6 de abril de 2014

Reflexiones en torno a la violencia

Todo comenzó con la trágica muerte de un joven rosarino a raíz de una brutal paliza propinada por un grupo que lo acusaba de un hurto. Luego, a modo de efecto contagio, sucedieron otros hechos que, aunque con desenlaces disímiles, presentaron un denominador común: el intento de aplicar justicia por mano propia. La profusa cobertura mediática de esos hechos (incluyendo declaraciones políticas diversas) generó un sinfín de acalorados debates. Se mezclaron argumentos, ideologías, simplificaciones, chicanas y pasiones diversas. Esto propicia algunas breves reflexiones.
Describir, valorar y comprender. A nadie escapa que el modo de nombrar un fenómeno revela cómo se lo piensa. En tal sentido, “linchamiento” apunta a describir un acto consistente en ejecutar a alguien a quien se acusa de un delito, realizado por un grupo y sin que medie proceso legal. En cambio, “ajusticiamiento” o “justicia por mano propia” connotan una valoración justificativa del acto. Por otra parte, la calificación jurídica o moral de un hecho no invalidan ni su comprensión existencial ni la invocación de sus posibles causas sociales o políticas. Por ende, la referencia a lo último no necesariamente implica desconocer lo primero.
Así, cuando el juez Eugenio Zaffaroni sostiene que el linchamiento “no es legítima defensa, sino homicidio doblemente calificado por alevosía y ensañamiento”, tiene plena razón en cuanto al orden ético-jurídico. Del mismo modo en que la diputada Alcira Argumedo también tiene razón cuando señala que los linchamientos son consecuencias de la impunidad de que gozan las cúpulas del poder. Y el diputado Sergio Massa, luego de condenar los linchamientos, también tiene razones para señalar que eso ocurre porque hay un Estado ausente en materia de seguridad.

Dilemas circulares. Otra consecuencia del debate refiere al modo en que se establece quiénes son víctimas y quiénes victimarios. Así, descriptivamente, los linchamientos parecen determinar un enroque entre unos y otros. Un axioma de la comunicación que el psicólogo Paul Watzlawick, su creador, denominó “puntuación de la secuencia de hechos”. Básicamente, se sostiene que las conductas se suceden en una secuencia ininterrumpida de causalidades que, al momento de ser explicadas por quienes están involucrados, se secuencian de modo diferente conforme a intereses o preconceptos. Watzlawick entiende que la falta de acuerdo respecto del modo de puntuar esas secuencias es la causa de incontrolables conflictos en las relaciones humanas. Nótese que en el caso analizado existen dos explicaciones antagónicas asociadas a sendas puntuaciones de los hechos. Por un lado, la “tesis garantista” insistirá en que la delincuencia no es sino la resultante de la inequidad social de la que, como en el caso de los linchamientos, los excluidos terminarán siendo víctimas. Por otra parte, la “tesis justiciera” insistirá en que los linchamientos no son sino la consecuencia obligada ante una violencia delincuencial imparable e impune. Lo intensamente dramático es que, en parte, ambos tengan razón
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/Reflexiones-en-torno-a-la-violencia-20140406-0019.html

domingo, 15 de diciembre de 2013

Violencia, saqueos y orfandades

“Si tienes miedo de quien te protege, ¿quién podrá protegerte de ese temor?”. Con esta frase, un adagio oriental anónimo, el psiquiatra escocés Ronald Laing encabezaba un texto sobre la sensación de orfandad existencial. Orfandad, fragilidad e impotencia resultan variaciones de los sentimientos generados durante la ola de saqueos y violencia de los últimos días. ¿Cómo es posible que ese vecino y cliente integre ahora la turba impiadosa que saquea y destruye?. ¿O que la policía que debería defender al ciudadano abdique de su responsabilidad esencial para dejarlo inerme ante una furia social irrefrenable?. ¿Cómo es posible que, en algún momento, el Gobierno Nacional se haya concentrado en sentenciar insuficientes y conjeturales diagnósticos antes que en arbitrar los medios eficaces para detener la explosión de irracionalidad?. La Presidente baila en la plaza la danza festiva de la democracia que supimos conseguir. La imagen resulta coherente con su diagnóstico previo: los saqueos fueron pergeñados con precisión quirúrgica para horadar el orden constitucional. Si así fuera, aquel baile sería entonces un símbolo de resistencia. Pero si las causas resultan más abarcadoras para incluir la espiral inflacionaria que lastima la dignidad de los más pobres, la recurrente impericia  de suponer que se puede garantizar seguridad con fuerzas policiales que perciben salarios inviables o la evidente incapacidad de logar una paz social con algún viso de solidez; entonces aquella danza se convierte en la fiel expresión de la vacuidad y el desatino. La desafortunada referencia presidencial a una pantalla dividida que hubiera contrapuesto las fuerzas danzantes de la democracia con la barbarie de sus enemigos, se reveló paradójica e innecesaria. Porque la simultaneidad de las dos escenas las enhebró el ojo del ciudadano que asistía atónito al triste espectáculo de violencia, muerte y saqueos, mientras el Gobierno y sus adláteres continuaban con su ritual narcisista bailando sobre la cubierta del Titanic. Quizás algún día sociólogos e historiadores teorizarán con perspectiva temporal sobre esta semana trágica. Hoy, desde el estrecho presente, solo cabe una conjetura simple: en algún momento de nuestra historia, de manera irreflexiva, sea por acción u omisión, los argentinos comenzamos el absurdo juego de coquetear con el mal. Y lo confundimos todo. Y perdimos el rumbo. El gran Discepolín ya nos lo había advertido, pero no supimos escucharlo. Porque “Cambalache”, además de un tango, era el anticipo de la tragedia de la que aún no podemos salir.Mientras nos sigue perturbando el temor que nos provocan quienes deberían protegernos. Ese hilo sutil que ata la orfandad social a la existencial.
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/Violencia-saqueos-y-orfandades-20131215-0023.html