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domingo, 16 de noviembre de 2014

La agonía de UNEN y la violación del sentido común

En 2013, UNEN fue la novedad política que pareció demostrar que la coincidencia en un valor trascendente puede superar las diferencias ideológicas. Su promesa era sencilla: unirse para salvar los valores republicanos amenazados por el kirchnerismo.
En abril de 2014, el Frente Amplio UNEN fue recibido como una esperanza por la ciudadanía desencantada con el peronismo. Los primeros sondeos lo ubicaron como una tercera fuerza, superando al PRO.
Luego sobrevino una cadena de desaciertos. La raíz de la discordia radica en la tensión entre pragmáticos, como Elisa Carrió y Ernesto Sanz, y principistas como Hermes Binner y Pino Solanas. Los primeros pretenden una coalición con Mauricio Macri justificada por la lógica de ceder pureza ideológica para salvar la República; los últimos entienden que el logro de esa meta no justifica abjurar de valores indeclinables. Julio Cobos podría representar un caso diferente: quizás considere que los acuerdos con Macri o con Sergio Massa simplemente opacan la identidad del espacio y restan chances.
El fondo dilemático parece comprensible. Pero lo que resulta inadmisible es el modo con que los diferentes actores, especialmente Carrió, han tratado el tema hasta sumir al frente en una crisis absurda de final incierto. Aunque debería decirse que se trató de errores políticos, resulta evidente que la agonía de UNEN obedece mejor a una serie de violaciones del sentido común:
◆ Ventilar públicamente lo que debería discutirse en privado: si en UNEN existe realmente un dilema, ¿no debería debatirse puertas adentro en lugar de enviarse mensajes irónicos en forma mediática?
◆ Hablar sin consensuar: si alguien considera la conveniencia de acordar con Macri, ¿no sería más simple discutir antes de formular declaraciones que obligaron a los disidentes a ingresar en una escalada verbal?
◆ No tener en cuenta a los demás: ¿se habrá puesto en el lugar del otro quien denunció la imbecilidad de algunos dirigentes de UNEN? ¿No es ése un modo de autodegradarse?
◆ Considerar los fines como si fueran caprichos: cuando la estrategia hacia un fin incluye realizar algo discutible pero se insiste en hacerlo desconsiderando las razones contrarias, ¿no se trata más de capricho que de estrategia?
◆ Negar lo evidente: UNEN está sumido en una crisis estructural, pero algunas de sus voces insisten en que apenas se trata de conflictos propios de una fuerza en crecimiento. ¿Lo creen realmente?
◆ Confirmar las dudas hasta el paroxismo: cuando apareció UNEN, las mentes escépticas sostenían que su heterogeneidad ideológica lo tornaría inviable. En lugar de despejar esas dudas, sus referentes parecen empeñados en confirmarlas.
Una reflexión final: cuando se aspira a unir lo distinto en pos de lo trascendente, habría que precisar el alcance de cada término. Eso también es sentido común.
http://www.perfil.com/columnistas/La-agonia-de-UNEN-y-la-violacion-del-sentido-comun-20141116-0042.html

domingo, 26 de octubre de 2014

El escenario electoral: un año después, un año antes

Hace un año, Sergio Massa se imponía claramente en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, constituyéndose en la promesa de un liderazgo político emergente.
Aquel triunfo tuvo un valor real pero también simbólico. Para muchos, significó un freno a las pretensiones hegemónicas de un oficialismo al que se le atribuía la intención de reformar la Constitución para habilitar la re-reelección de la presidenta Cristina Kirchner.
Además, los más férreos críticos del Gobierno se apresuraron a decretar el ocaso de un kirchnerismo al que sólo le restaría administrar el tiempo de la transición.
Desde la vereda opuesta, la lectura de los hechos era muy diferente. Al contabilizar la totalidad de votos a nivel nacional, el oficialismo reivindicaba seguir siendo la principal fuerza política. Además, mientras relativizaba el valor de una elección de medio término, vaticinaba que el efecto Massa era solo un fenómeno coyuntural que se desvanecería en la aridez de la labor parlamentaria, de modo análogo a lo que ya había acontecido con Francisco de Narváez luego de su triunfo de 2009.
Por su parte, un incipiente UNEN se autopromocionaba como un nuevo modo de encarar consensos a partir de coincidencias sobre fines republicanos que minimizarían diferencias menos sustanciales.
Mientras, Mauricio Macri entendía que la aprobación  de su gestión capitalina representaba el espaldarazo necesario para su proyección nacional.
Luego de un año, la realidad se ha mostrado austera con aquellas ilusiones. Aunque algo de lo que se predecía ocurrió, nada terminó de suceder de modo evidente.
Tal como se desprende de nuestra última encuesta, Sergio Massa encabeza la intención de voto con alrededor de 30 puntos, pero aún está lejos de convertirse en el nuevo líder político capaz de entusiasmar a la mayoría. Daniel Scioli, ubicado segundo con 26%, demuestra que tanto el kirchnersimo como él mismo siguen siendo alternativas competitivas para 2015. Por su parte, el sólido crecimiento electoral de Mauricio Macri, quien escaló de un magro 14% a un competitivo 21%, lo mantiene como candidato con chances ciertas de ubicarse en segundo lugar. Por último, el Frente Amplio UNEN, que arrancó con fuerza para después navegar en sus indeterminaciones estructurales, aún tiene alguna posibilidad de encauzar el rumbo, tal como se expresa en el 14% que obtendría Julio Cobos.
Aunque algunos ciudadanos y analistas se sienten inquietos ante cierta monotonía e indefinición del escenario electoral actual, quizás eso pueda también tener un valor positivo para la democracia. Porque, cuando ningún candidato tiene nada asegurado, es el momento más propicio para que se esfuerce en diferenciar su proyecto, sea que lo tenga o que deba elaborarlo para estar a la altura de sus promesas.
Para semejante desafío, el año que resta es más que suficiente.
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/El-escenario-electoral--un-ano-despues-un-ano-antes-20141026-0016.html

domingo, 27 de julio de 2014

El mapa electoral actual: un escenario abierto

Nuestra última encuesta afianza algunas tendencias y revela una novedad. En los dos escenarios medidos, Mauricio Macri aparece en un virtual empate con el candidato del FpV. Si el candidato oficialista fuera Scioli, el resultado sería así: Sergio Massa (28,6%), Daniel Scioli (23,9%), Mauricio Macri (23,4%) y Julio Cobos (17,3%). Si fuera Randazzo, ocurriría algo muy similar.
En cuanto al ballottage, Sergio Massa ganaría claramente todos los escenarios. Mientras que los candidatos del FpV serían derrotados por Massa, Macri y Cobos. Mauricio Macri se impondría sobre Julio Cobos.
Además, se indagaron capacidades atribuidas a los candidatos. Sergio Massa es percibido como el más capacitado para combatir la inseguridad, la inflación y la pobreza, siempre seguido por Mauricio Macri. La única excepción fue la de Julio Cobos, valorado como el más capaz de combatir la corrupción. Ante tal cuadro, subsiste una duda: ¿Massa y Macri resultan votables porque se les reconocen capacidades diferenciales omnímodas o, al revés, se les atribuyen cualidades de modo cuasi mágico luego de decidirse a votarlos?
A continuación, se esboza un perfil electoral de de los principales candidatos.
Sergio Massa: Marchar primero es una de sus fortalezas. Todavía conserva la impronta de ganador luego del triunfo de las legislativas, donde se erigió como promesa. Su desafío es lograr estar a la altura de las expectativas que suscitó. Quizá su dilema fundamental radique en demostrar que es realmente una alternativa superadora orientada al futuro, mientras que las sombras de su pasado K siguen generando dudas en quienes aspiran a un cambio.
Daniel Scioli: El gobernador se mantiene en carrera. Su fortaleza, consustancial a su persona, es agrandarse en la adversidad. Su gran desafío es superar su dilema estructural: seguir siendo oficialista de un barco a la deriva y al mismo tiempo ser el candidato transversal que supo entusiasmar.
Mauricio Macri: Su fortaleza es comenzar a lograr aquello para lo que trabaja desde siempre: erigirse como el opositor más claro. Para ese fin, debe superar dos frentes: el de UNEN y el de Massa. En lo primero le estaría yendo bien. En lo segundo, no.
Julio Cobos: Aunque con menores chances que Massa y Macri, todavía tiene potencialidad. Su dilema es que la virtud que se le reconoce (político honesto capaz de enfrentar la corrupción) no oscurezca otras (capacidad de gestionar).
Florencio Randazzo: Una alternativa del FpV tan competitiva como la de Scioli, aunque con un obstáculo similar: demasiado oficialista como para trascender por fuera del espacio K. Una curiosidad: aunque parte de la ciudadanía le atribuye un rol de hacedor eficiente (pasaporte, DNI, trenes), cierto establishment analista mediático no termina de considerarlo como tal. Quizá la idea implícita de que el único candidato oficialista con chances es Scioli funcione como un obstáculo para reconocerle potencial.
*Director de González/Vallarades Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/El-mapa-electoral-actual--un-escenario-abierto-20140727-0006.html

domingo, 20 de julio de 2014

Lo habían Amado tanto

Durante los últimos días, el vicepresidente Amado Boudou volvió a ser noticia: fue el principal orador en el acto de la Independencia, estuvo a cargo del Poder Ejecutivo por ausencia de la presidenta Cristina Kirchner y, como titular del Senado, recibió al presidente chino Xi Jinping. Mientras, los procesos judiciales en su contra siguen su inexorable curso.
Como contrapartida, en el círculo del Gobierno su presencia resulta cada día más incómoda. ¿Qué hacer con Boudou?, parece la pregunta recurrente que no encuentra una respuesta clara. Sucede que ese interrogante simple esconde otros: ¿qué se quiere, qué se puede, qué conviene hacer?, ¿qué desea realmente la Presidenta?, ¿qué se quiere preservar y qué se teme perder?
Lo cierto es que en el interior del Gobierno pareciera haberse instalado una duda que carcome: ¿por qué seguir pagando un costo político que ensombrece el presente y compromete el futuro? Lo cual justifica conjeturar que el dilema de fondo acaso radique entre el deseo presidencial de no cargar con la responsabilidad de un error de origen y las necesidades de quienes aspiran a ser los continuadores del ideario kirchnerista.
Los planes de la historia. Mientras el Gobierno se debate en esa compleja duda hamletiana y los avances de la Justicia jaquean al vice desde diversos frentes, la figura de Amado Boudou sigue afianzándose como símbolo involuntario de los aspectos más sombríos de la política. Como parábola del apogeo y la caída del poder. De su encanto primigenio y su irreversible decepción. Como prueba palmaria de que mientras algunos dedican su vida a construir poder con paciencia y avaricia, otros se encargan de dilapidarlo licenciosa e inescrupulosamente.
Más allá de su suerte judicial y política, quizás la historia ya esté fraguando para Boudou el sitial menos grato: el del político arribista que con seducción y carisma supo conquistar a una presidenta que hizo del capricho uno de sus tantos modos de ejercer el poder.
Amado Boudou: una moderna versión de Avivato, aquel personaje de historieta que encarnaba al típico porteño vividor y oportunista, tan simpático como inescrupuloso, que terminaba esquilmando a sus víctimas ocasionales. En cada acto, su sello: simpatía, mentira, estafa.
Si el poder kirchnerista es un poliedro, Amado Boudou quizás sea el símbolo de su costado más frívolo y narcisista. El de la sustancia del engaño.
Boudou, el vicepresidente cuya desgracia hoy salpica al corazón del Gobierno. Alguna vez fue amado. Ya no.

PD: Esta semana se cumplieron seis años del famoso voto no positivo con que Julio Cobos, el vice de entonces, le proporcionó al Gobierno el doble beneficio de destrabar el conflicto del campo que lo tenía jaqueado y, adicionalmente, le permitió afianzar esa épica que luego se convirtió en “el relato”, donde el rol de Cobos sería el de una especie de Judas. Mientras que aquel vice salvó involuntariamente al Gobierno, el actual no deja de hundirlo. Mal que le pese al Gobierno, lamentablemente hoy no parece que vaya a existir algún Cobos cuyo gesto pueda “mágicamente” salvarlo de Boudou.
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/Lo-habian-Amado-tanto-20140720-0045.html

sábado, 12 de julio de 2014

La política después del Mundial

El Mundial va llegando a su fin. Mañana la política abrirá un nuevo capítulo donde los candidatos irán definiendo su juego. Si se lo compara con el Mundial el escenario electoral de hoy tiene algo de semifinal, pero también de eliminatorias. Veamos:
Los resultados de nuestra última encuesta revelan lo siguiente: Sergio Massa-FR se ubica primero con una intención de 28,6%; segundo el FpV, con 28,3%; tercero FAP-UNEN con 21,5% y cuarto Mauricio Macri-PRO, con  20,7%. Pero cuando se analizan candidatos y no partidos o frentes, restan definiciones. Dentro del FpV se asiste a una clara paridad entre Florencio Randazzo (14,3%) y Daniel Scioli (14%). Lo mismo ocurre dentro del FAP-UNEN entre Julio Cobos (11,8%) y Hermes Binner (9,7%). Si se piensan las PASO como una instancia semifinal aún falta definir quiénes competirán con Massa y Macri. Pero allí terminan las similitudes porque las PASO representan un puente hacia un cuadrangular que podría dirimirse en un ballottage.
Cuando el escenario se analiza desde la panorámica del proceso general, la fortaleza de Sergio Massa se amplifica. En efecto, en base a los actuales números, difícilmente el FpV podría sumar en primera vuelta el acumulado de 28,3% de Randazzo + Scioli. La explicación es sencilla: al menos un 15% de quienes votarían por uno u otro, preferirían hacerlo por Massa luego de las PASO. Lo cual determinaría una diferencia de 5 puntos a favor del tigrense (31% vs. 26% aprox.). Adicionalmente, Massa se impondría a Scioli, Randazzo, Macri, Cobos o Binner en un escenario de ballottage, por una diferencia que oscila entre 12 y 25 puntos.
No obstante, resultaría abusivo predecir en base a la foto de hoy. Faltan tiempo y definiciones. Resta saber cómo evolucionarán la economía, el caso Boudou, la deuda con los fondos buitre y qué heridas podrían abrirse en un gobierno que sigue perdiendo su impronta.
Además, resulta incierto avizorar cómo se diferenciarán candidatos que exhiben algunos rasgos comunes. Ninguno es populista o caudillo como pudieron serlo Néstor, Cristina, Menem o Alfonsín. Todos parecen serios, racionales y moderados. Ninguno, hasta ahora, ha conseguido enamorar al electorado.
Quizás esas limitaciones sean un signo de salud para una democracia que no termina de amalgamar plenamente la República con la justicia social. Acaso los ecos de tanta adrenalina política impidan comprender cabalmente la demanda de estos tiempos. Me atrevería a bosquejarla en una breve sentencia: la única “revolución” que se necesita es la de la inteligencia. Quien actúe en consecuencia será el próximo presidente. ¡A pensar entonces!
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/La-politica--despues-del-Mundial-20140712-0122.html

domingo, 25 de mayo de 2014

El mito del voto ideológico puro

Nuestra última encuesta permitió corroborar lo que veníamos observando: Sergio Massa encabeza la intención de voto con 27,6%, seguido por Daniel Scioli (23,2%), Mauricio Macri (17,5%) y Julio Cobos, como único candidato de UNEN (14,4%). También se observó el nivel competitivo de Florencio Randazzo dentro del FpV, dado que si fuera el candidato oficialista obtendría el 22,5% (contra 26,6% de Massa).
Pero además de relevar la intención de voto en escenarios donde debe elegirse un candidato entre varios, también preguntamos –para cada candidato por separado– si se lo podría llegar a votar o no. Cuando se analizan estos resultados en términos de afinidades, se revelan algunas perlitas.
Curiosidades: entre los posibles votantes de Massa, el 45,9% podría también hacerlo por Macri; 31,2%, por Cobos; 26,5%, por Binner, y 21,8%, por Scioli. Entre los votantes de Scioli, sólo el 52,1% podría hacerlo por Randazzo, mientras que el 22,2% podría elegir a Massa y el 15,6%, a Macri.
En cuanto a los votantes de Macri, el 44,3% podría también inclinarse por Massa, mientras que el 40,3% lo haría por Cobos. Entre los votantes del socialista Binner, sólo el 51,1% podría también elegir a su compañero de espacio, Julio Cobos, mientras que el 41,1% podría optar por Macri y el 31,9%, por Massa.
Explicación. La política trata de comprender los comportamientos de los actores en términos de categorías inherentes a su propio ámbito, lo cual resulta lógico. Pero para aplicar tales categorías, se hace necesario postular la abstracción de una especie de homo politicus que, básicamente, actuaría impulsado por razones ideológicas. No obstante, lo que esa explicación tiende a soslayar es que, además de hombre político, el votante es también muchos otros: social, ético-moral, emocional-pasional, irracional, superficial, prejuicioso, indiferente, justiciero, sabio. Así, desde esa óptica, resulta sorprendente que, por ejemplo, exista el 41,1% de personas que –simultáneamente– consideren votar a un “socialista progresista” como Hermes Binner y a un “conservador, neoliberal y privatista” como Mauricio Macri. Pero tal contradicción podría explicarse fácilmente si, por ejemplo, las personas en cuestión adujeran que ambos son políticos serios, mesurados, constructivos y no confrontativos.

Conclusión. Además de la ideología, existen múltiples ejes que atraviesan la decisión del votante. Sin embargo, tanto quienes hacen política como quienes la analizan parecen pensar en términos de factores ideológicamente puros, como progresismo, peronismo, izquierda, derecha, etc. Por ende, tienden a soslayar otros factores relevantes. Por supuesto, además de otras razones, el votante también concede importancia a lo que podría denominarse determinantes ideológicos-partidarios. Pero no tanta como el establishment político acostumbra atribuirle.
*Director de González Valladares Consultores.
http://www.perfil.com/columnistas/El-mito-del-voto-ideologico-puro-20140525-0046.html

domingo, 23 de marzo de 2014

Ecos de una encuesta: evidencias y conjeturas

Hace 15 días, un sondeo publicado por PERFIL sacudió el ámbito político. Nuevas reflexiones sobre sus resultados.

Las encuestas de opinión son conjeturas razonables basadas en evidencias. Su función es agregar objetividad al conocimiento sobre lo que piensa y siente la gente. Las encuestas se traducen en cifras que pretenden expresar las voces ciudadanas. Pero aunque existen métodos para realizar encuestas no existen reglas precisas para interpretar sus resultados. Sólo es una cuestión de parsimonia y sentido común. Y de no confundir los razonables límites entre descripción, interpretación y especulación conjetural.

Dos domingos atrás, PERFIL publicó nuestro sondeo de intención de voto presidencial donde se relevaron cuatro escenarios electorales. Las grillas incluyeron a un candidato oficialista (Daniel Scioli, Florencio Randazzo, Jorge Capitanich o Sergio Urribarri) que competía con Sergio Massa, Mauricio Macri, Hermes Binner, Julio Cobos y Jorge Altamira. En cada escenario se variaba el candidato oficialista.
En cuanto a los resultados, el orden fue invariablemente el mismo: primero, Sergio Massa; segundo, el candidato oficialista; tercero, Mauricio Macri; cuarto, Julio Cobos; quinto, Hermes Binner y sexto, Jorge Altamira.
El nivel de desempeño de los candidatos oficialistas resultó más o menos parejo; se observaron diferencias comprendidas entre 8 y 14 puntos respecto de Sergio Massa: Daniel Scioli obtuvo 21,3% (vs. 29,3% de Massa); Florencio Randazzo, 21,3% (vs. 29,9% de Massa); Jorge Capitanich 19,3% (vs. 31,3%) y Sergio Urribarri, 17,3% (vs. 31,4%).Se indagó también la afinidad con el kirchnerismo, lo que permitió identificar tres segmentos ciudadanos: kirchneristas (20,7%), antikirchneristas (34,8%) e independientes (41,9%). Al cruzar la intención de voto contra esta variable se observó que, en todos los escenarios, el voto oficialista quedaba circunscripto al segmento que se define como kirchnerista. Tal circunstancia podría quizás explicar por qué la performance de los candidatos oficialistas resultaba pareja: para quien se define cómo kirchnerista cada uno de los cuatro políticos indagados resulta casi igualmente votable. Luego de publicado el trabajo recibimos una insólita cantidad de consultas. Llamó la atención la recurrencia de una misma pregunta acompañada por ostensible sorpresa y, a veces, por un trasfondo de cuestionamiento escéptico: “¿Los resultados significan entonces que en una primaria oficialista Daniel Scioli y Florencio Randazzo estarían empatados?”. La respuesta es contundentemente negativa y la explicación sencilla: lo que se evaluó fueron los desempeños relativos de cuatro candidatos, cada uno en un escenario particular; los resultados indican que si el candidato fuera Daniel Scioli, el caudal de votos oficialista sería muy similar al que obtendría Florencio Randazzo; pero especular sobre lo que sucedería en una primaria queda fuera del alcance del estudio, dado que –simplemente– tal escenario no fue evaluado. Más allá de lo anecdótico, cabe una reflexión. Las conclusiones de cualquier encuesta pueden definirse como una transacción entre la austeridad de los números y un factor interpretativo de carácter variable. Así, reportar un porcentaje es una mera descripción; calificarlo como mayoritario supone una valoración, mientras que bosquejar una explicación que trascienda los datos implica adentrase en un espacio conjetural. Pero concluir lo que los datos no dicen pensando que sí lo hacen es –sencillamente– un error del que conviene prevenirse.
http://www.perfil.com/columnistas/Ecos-de-una-encuesta--evidencias-y-conjeturas-20140323-0021.html

lunes, 28 de octubre de 2013

Razones y conjeturas tras las elecciones

La elección ha concluido y varias de sus incógnitas despejadas. Tal como proyectaban las encuestas, Sergio Massa resultó un contundente ganador junto conJulio Cobos, Gabriela Michetti, Hermes Binner y el espacio liderado por Sergio Urribarri. Cabe también agregar a Mauricio Macri y José Manuel de la Sota, triunfadores de modo indirecto. YPino Solanas se impuso a Daniel Filmus. 

Ahora surgen las preguntas de rigor: ¿Por qué? ¿Qué pasará a partir de este lunes 28?, ¿Cómo será la transición hasta 2015, si es que se consuma?, ¿Cuál será el futuro de Massa, de Scioli, de Cristina Kirchner?

Como cualquier fenómeno complejo, el triunfo de Massa obedece a una conjunción de razones. Como en todo orden humano, existe encuentro cuando —razonablemente— coinciden la promesa y esperanza. En tal sentido, el mérito de Massa es haber dado con la fórmula para las demandas de una ciudadanía agobiada por antiguos problemas aún abiertos (inseguridad, inflación, corrupción, etc.) y por un nivel de intolerancia política asociado a la pertinaz negación de lo obvio y a la obsesiva referencia al pasado. Con un discurso simple y contundente, el intendente de Tigre supo erigirse en un político capaz de liderar la lucha contra tantos desatinos y recuperar la idea de futuro para una sociedad que venía resignándose a elegir el menor de los males posibles a falta de un auténtico programa opositor con vocación de poder.

En contraposición, a Martín Insaulrralde no le resultaron suficientes ni el espaldarazo de Scioli ni los méritos de una campaña que, al inicio, lo mostró como un candidato autónomo, amigable y cercano a la gente; pero que en su tramo final dejó translucir cierto toque sutil de beligerancia kirchnerista unido a una frivolización innecesaria.

En cuanto a Scioli, el futuro se presentaría algo complicado. A su modo, el gobernador se jugó abrazando un kirchnerismo que nunca fue su sello. Pero lo que ganó con esa impostada pureza ideológica le hizo perder aquella presencia transversal que otrora supo consolidar. Y lo peor, finalizada esa especie de zona temporal liberada donde pudo hacer y deshacer a su arbitrio, podría recaer sobre él la responsabilidad de la derrota junto a la reapertura de antiguas hostilidades emanadas desde el poder presidencial. Poder que quizás se encargue de recordarle lo que todos saben pero que nadie se atreve a decir: La Presidenta nunca ha deseado que Scioli sea su sucesor y, si tuviera que elegir alguno, es probable que prefiera a otro aún a riesgo de que éste tenga menoreschances. Elegirlo a Scioli podría obedecer más a un acto de supervivencia política que a la mera conveniencia o, mucho menos, a la afinidad personal e ideológica. 

No obstante, el anterior análisis resulta incompleto sino se considera la evolución de la salud de Cristina: ¿Volverá pronto al pleno ejerciciode sus funciones?, ¿Con qué ánimo personal y político?,¿Retornará con el ímpetu que la caracteriza para reiniciar una gesta propia del Ave Fénix?, ¿O quizás entienda que ha llegado el momento de la tan mentada sucesión? 

Sería demasiado apresurado bosquejar respuestas a interrogantes que desbordan ese artesanal ejercicio de conjeturas al que se denomina análisis político.

(*) Director de González y Valladares, Consultores de Marketing Político
http://www.perfil.com/columnistas/Razones-y-conjeturas-tras-las-elecciones-20131029-0020.html